Mindfulness en la terapia del trauma

Por Cristina Miguens, 6 Marzo, 2024
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Personas dándose la mano en señal de apoyo

En el presente artículo presentaremos el Mindfulness como una opción terapéutica apropiada dentro del procesamiento del trauma, tal y como lo recogen diversos estudios realizados en los últimos tiempo.

Aunque a lo largo de los años se han desarrollado opciones terapéuticas muy importantes que han mejorado en gran medida el tratamiento del trauma, los estudios nos muestran que entre un tercio y la mitad de los y las pacientes con Trastorno por Estrés Postraumático continúan con síntomas después de la terapia y el abandono de éste es elevado. Por este motivo, se hace necesario encontrar nuevas alternativas que ayuden en el tratamiento y procesamiento del trauma.

El Mindfulness, al igual que otras tradiciones contemplativas, se basan y entrenan la focalización interna de la atención, y promueven la observación y la indagación de pensamientos, sentimientos o sensaciones corporales con el objetivo de profundizar en la comprensión, tanto conceptual como no conceptual, de la experiencia. En el campo del trauma, trabajos como los de Follete, Briere, Rozelle, Hooper y Rome (2015) han demostrado la utilidad del Mindfulness a la hora de abordar los síntomas y trabajar con el sufrimiento existencial generado por él.

Cómo actúa nuestro cerebro ante el trauma y el estado de alarma

Cuando percibimos un peligro, reaccionamos a éste activando una parte de nuestro cerebro, la amígdala cerebral, lo cual pone en marcha una serie de reacciones que es lo que se viene a denominar el estado de alarma.

Durante este estado de alarma se produce la liberación de hormonas del estrés, como el cortisol, y de neurotrasmisores como la adrenalina. Los músculos de nuestro cuerpo se contraen y de manera generalizada nuestro organismo se prepara para pelear por su supervivencia a través de la lucha, la huida o la congelación. Cuando este peligro pasa, lo normal sería que nuestro organismo volviera a una situación de equilibrio, pero ésto no siempre es así.

Como consecuencia del desarrollo de nuestro lóbulo frontal, que tantas alegrías nos da en otros ámbitos, en este caso, al posibilitarnos la capacidad de trascender nuestro aquí y nuestro ahora, de soñar y planificar, éste nos puede jugarnos una mala pasada. Cuando aparece el trauma,  nuestro córtex prefrontal (cerebro ejecutivo) y el hipocampo están inhibidos de manera que predomina el procesamiento emocional y la codificación no conceptual,  o no verbal, de las memorias. Por este motivo, con sólo pensar o recordar aspectos relacionados con la situación traumática, se puede activar el estado general de alarma, aunque no exista ningún peligro real ni aparente.

¿Qué puede aportar el Mindfulness al procesamiento del trauma?

Ante algo que nos produce un gran dolor, la respuesta más innata es la evitación. Ninguno de nosotros o nosotras se ofrece voluntariamente a sufrir una situación dolorosa. Pero esta conducta evitativa, tan normal, puede en el caso del trauma, prolongarlo e intensificarlo. Es lo que se ha denominado la "paradoja del dolor" (Brieri 2015).

La base del Mindfulness es la aceptación de la experiencia sin juzgarla frente a los intentos normales de controlar los síntomas, produciéndose un cambio en la relación entre la persona y la experiencia psicológica. A través del Mindfulness podemos:

  • Facilitar una actitud de estar presente, sin criticar ni juzgar frente a la tendencia en el trauma de rememorar el acontecimiento ocurrido en el pasado y consecuentemente, anticipar un futuro amenazante.
  • Aumentar la conciencia y la aceptación de las experiencias traumáticas cognitivas y emocionales.
  • Aumentar nuestra capacidad para experimentar pensamientos o sentimientos dolorosos y para estar presentes con ellos de modo más calmado, dándonos espacio para la re-evaluación y el dejar pasar la experiencia sin más elaboraciones.
  • Facilitar la aparición de sentimientos de autocompasión, emociones positivas y la activación de áreas cerebrales implicadas en el procesamiento emocional y la empatía.
  • Promover la neuroplasticidad y por lo tanto, la posibilidad del cambio en la conectividad neuronal a través de la práctica.
  • Promover un cambio en las funciones cerebrales hacia una dominancia frontal izquierda con emociones más positivas y una mejora de la función inmunitaria.
  • Promover el autocuidado y que se pueda integrar tanto como práctica formal como en el curso de las actividades cotidianas como el comer, el caminar o el hablar y relacionarse.
  • Ayudar a darse cuenta de que luchar contra los síntomas no ayuda, y nos invita a tomar conciencia de la lucha cuando esta surge y observarla sin reaccionar a ella.
  • Ayudar a movilizar el cuerpo.

Los estudios realizados hasta la fecha en relación con la ansiedad en el tratamiento del trauma sugieren que las intervenciones basadas en Mindfulness obtienen un tamaño de efecto entre medio y alto para los trastornos de ansiedad en general. También se han podido constatar cambios en la conectividad entre la amígdala y la corteza prefrontal en participantes de grupos de Reducción del Estrés Basada en Mindfulness. También programas estructurados como el de "Aceptación y Compromiso", el cual combina la terapia cognitivo-conductual, la psicología de la conducta y el entrenamiento en Mindfulness, han demostrado su efectividad.  

En mi consulta he tratado el trauma de manera predominante y además soy instructora de Mindfulness. Aunando estas dos técnicas consigo excelentes resultados en mis pacientes. Si estás pasando una situación dolorosa relacionada con un hecho del pasado, o simplemente no sabes de dónde surge ese dolor, no dudes en ponerte en contacto conmigo, la primera consulta es gratuita.

 

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Imagen de portada: Freepik

 

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